Disclaimer
Sin duda alguna este es un tema controversial y polémico, pero muy ignorado por los feminismos mainstream. Con este blog no quiero incomodar a ninguna mujer, sino hablar sobre acontecimientos de los cuales muchas veces no somos conscientes.
Sin más que decir, empecemos.
Ser humano como sujeto social
Queramos o no, todos buscamos inconscientemente el reconocimiento y tenemos un ego al cual alimentar con las miradas y los halagos de otros: así es como funciona vivir en sociedad. Pero ser un sujeto social implica que toda una población pertenezca a un mismo sistema con sus determinados parámetros. Aquí es cuando entra en juego el patriarcado, creado hace miles de siglos con el fin de mantener a la mujer subordinada ante el hombre en una relación de poder. El surgimiento del capitalismo también ayudó al patriarcado para extender la brecha de oportunidades entre sexos a través de la meritocracia, la idea de productividad y el consumismo absurdo (más adelante retomaremos los conceptos del capitalismo intrínsecos en la búsqueda por aprobación masculina).
A pesar de ser sujetos sociales y que la búsqueda por la validación entre nuestros familiares, amigos y parejas sea algo normal y hasta necesario, la mujer no lo vive de la misma forma que un hombre debido a factores políticos, sociales y culturales anteriormente nombrados. Muchos me dirán que la búsqueda por validación masculina no tiene un origen machista, que no importa que vivamos en un sistema patriarcal y capitalista sino que ya actuábamos de esta forma por naturaleza. Entonces, para respaldar mi afirmación, decidí realizar una cronología por la vida de la mujer, desde la niñez hasta la adultez, basándome en vivencias y experiencias tanto mías como de otras chicas. Por cierto, una de mis fuentes más importantes es "El segundo sexo" de Simone de Beauvoir que lo recomiendo mucho.
Infancia
Desde el minuto 1 a la niña se la consentirá, será caprichosa y creyente de ser el centro del mundo color rosa. Cuando vaya creciendo se le entregará una muñeca en la que encarnará su alter ego, su otra mitad: la cuida, la mima, le da de comer y hasta la regaña, tal como su madre lo hace con ella (desarrollo del instinto maternal). A través de las películas, los cuentos y las conversaciones familiares conocerá el concepto de amor romántico, imponiéndole la heterosexualidad y la idea de que necesita a un hombre en su vida para ser alguien. Poco a poco conocerá las palabras "linda" y "fea", le pedirán que mantenga su aspecto mientras que a su hermano lo dejan tranquilo, verá por televisión a las mujeres bien vestidas y esbeltas; eventualmente entenderá que para agradar hay que procurar ser linda y pasiva como una muñeca. Se encuentra con que a los niños no les gusta cualquier tipo de chica, sino aquella que mejor cumpla los estándares de la feminidad, aquella que más linda sea. Al ser una niña, no es tan consciente de esto, pero aún así lo va interiorizando.
Juventud
Por mucho tiempo se han definido a los varones como "seres sexualmente bravos por naturaleza", los únicos capaces de excitarse apropiándose de otras mujeres; de hecho, este mito justificó la prostitución y la pornografía como forma para suplir las necesidades sexuales de los hombres. El amor romántico que la joven descubrió de niña se acrecienta en esta etapa gracias a las hormonas de la adolescencia: se da cuenta de lo importante que es para los varones el objeto de deseo y, siendo criada para ser heterosexual, no duda en utilizar sus atributos a su favor. Empezará a mostrar más, pero sólo cuando el chico que le gusta se encuentre cerca. Copiará las poses de las modelos, que probablemente las haya visto por los medios de comunicación. Se preocupará por su físico más que nada por las críticas, por el miedo de que no la acepten. Cuando el adolescente busca poseerla será cuando se sienta deseable y, por lo tanto, realizada; no separa el deseo del hombre del amor que siente por sí misma.
Adultez
Ya forjada una identidad tras la adolescencia, la adulta no busca llamar la atención sino vivir su vida sin que la molesten. Su autoestima, esa barrera de amor propio que fue creada en la adolescencia, fue llenada por los halagos masculinos. Interiorizó tanto el ser un objeto de deseo que, cuando se ve en un espejo, siempre se mira a través de ojos masculinos; juzga cada parte de su cuerpo, extraña los tiempos de juventud en donde las arrugas y las ojeras no existían para ella. Ahí es cuando entran las empresas de cosmética y estética, prometedoras de una radiante belleza rejuvenecedora (cultura de la pedofilia). La mujer termina depilándose, maquillándose, haciendo dieta y ejercitándose, pero no para ella misma sino para un otro: la mujer es tanto más respetada cuanto más arreglada esté.
Análisis de la cronología
Como pudimos observar, a la mujer se le impuso desde niña el instinto maternal, el cual la hará empatizar y querer complacer a los demás con actos bondadosos, y el amor romántico heterosexual, haciéndole creer que necesita un esposo como acompañante para toda su vida. Cuando llega a la adolescencia, inconscientemente se da cuenta de que no puede acercarse a los chicos cuidándolos, así que lo hace de otra forma: la sexual y provocativa, aprendida a través de los medios de comunicación. Llegada la adultez y ya pasada la iniciación sexual, se ve inmersa en el consumismo de productos milagrosos que la salven de la temida vejez, además de la construcción de un autoestima basada en el homenaje que los hombres hicieron sobre su cuerpo. Simone de Beauvoir lo dijo claramente:
"No es aumentando su valor humano como aumentará ella de precio a los ojos de los hombres, sino amoldándose a los sueños de estos".
Al hombre no se le enseña que su apariencia es el elemento primordial para trascender y triunfar, mientras que a la mujer sí. Ella deberá encontrar su belleza, pero no cualquiera, sino aquella que todo hombre desea. Ellos juzgarán si ella es apta o no, utilizando terminología como "estar buena". La mujer terminará, consciente o inconscientemente, produciéndose físicamente con el fin de llamar la atención de los hombres y agradarles ante la sociedad, ejemplos tales como mostrar su cuerpo (nudes, pornografía, vestimenta), mantenerlo hegemónico (maquillaje, depilación, cirugías estéticas) y, por último pero no menos importante, reprimiendo su personalidad fingiendo pasividad. Así es, pretenden que seamos calladas y sumisas frente a otros, pero nos quieren sexys y atrevidas en la cama. Nos exigen más de lo que podemos hacer por el simple hecho de haber nacido mujeres.
Sexualidad femenina
El régimen heterosexual seguido de las creencias del amor romántico condicionan gravemente nuestra sexualidad desde que somos pequeñas a través de las películas, las canciones, las novelas, las series de televisión y el Internet. Se nos educa para que deseemos ser amadas por sobre cualquier cosa, pero ojo, sólo amor hacia hombres. A pesar de que tu marido te someta a diversas agresiones se te pide que resistas, porque "el amor lo cura todo". Se busca el autosacrificio de la mujer en pos de la armonía y felicidad del marido y los hijos, sin reciprocidad a cambio.
La extrapolación de esta ideología se muestra evidente en la pornografía, proporcionando un material audiovisual que manifiesta la verdad masculina del sexo; mujeres sexualmente accesibles y poseíbles que desean ser usadas a pesar de que las aten, las golpeen, las torturen o las degraden: el sadomasoquismo y la cosificación de los cuerpos femeninos se entiende como símbolo de la sexualidad. Las mujeres encontradas en esos videos muestran un disfrute por la humillación y, si realmente no lo están disfrutando, los mismos consumidores lo seguirán pensando como excitante. La mujer no constituye un sujeto sino un objeto, se las violenta una y otra vez justificándose a través de la "libre sexualidad" cuando no es más que explotación sexual.
De aquí deriva la auto cosificación de muchas mujeres a través del "soft porn": creen que, primeramente, deben gustarle a los hombres a toda costa y, conociendo la sexualidad masculina, se sexualizan para recibir su aprobación. Si en la pornografía la mujer es simplemente un trozo de carne con vagina, boca y ano, la mujer auto cosificada se siente con la necesidad de consentir, excitar y agradar al varón a través del exhibicionismo de su cuerpo.
Entonces, ¿existe realmente un concepto de sexualidad puramente femenina que exprese la autonomía de las mujeres? Pues sí, un placer muy invisibilizado: el clítoris. Al ser un órgano de placer exclusivo para las mujeres, la ciencia misógina denegó por muchos siglos cualquier estudio sobre él. En cuanto al sexo, el hombre buscaba dominar a su amante y la penetración es un buen ejemplo de ello, pero el clítoris significaba un estorbo, una piedra en el camino: él quería que su mujer se excite a través de él, de su forma de imponerse y poseerla, no por un órgano preexistente. Gracias a los últimos avances científicos, políticos y sociales ya no es tan así, pero siguen habiendo hombres que pretenden que el sexo se base solamente en el coito, olvidándose del placer sexual de la amante a la que supuestamente respetan. Lamentablemente así es como las mujeres desconocen su cuerpo, se obligan a que la penetración les guste con tal de no enojar e incomodar a sus amantes.
Capitalismo y competencia entre mujeres
Como sabemos, el capitalismo contribuyó al mantenimiento del patriarcado con la mercantilización y explotación de nuestros cuerpos para aumentar el capital de los varones. Además, a través de la publicidad, se expandieron recetas y cosméticos "milagrosos", cremas y maquillaje capaces de reparar o, en su defecto, ocultar imperfecciones, rasuradoras y ceras calientes con el fin de depilar nuestros vellos: así es como nos vendieron un estándar de belleza obligatorio, el cual nos hace creer que debemos ser lindas para ser válidas y nos vuelven fieles consumistas de sus productos, haciéndonos gastar cantidades absurdas de dinero para mantener vigentes a aquellas empresas (y al sistema).
El hecho de que todo el tiempo intentemos estar perfectas y arregladas ocasiona que nos comparemos entre nosotras, ya sea con las mujeres delgadas de las pasarelas, con la reportera del noticiero o con nuestras propias amigas. Esto beneficia al patriarcado y al capitalismo puesto que, mientras nosotras nos envidiemos una a la otra y nos odiemos, no nos podremos rebelar colectivamente contra los hombres, además de que, para alcanzar el estándar, seguiremos pagando por productos más caros y "útiles", aumentando la producción de los mismos.
Mito de la libre elección
Hasta ahora toda esta problemática vista desde afuera parece fácil de notar y de solucionar, pero eso no es cierto: la mayoría de mujeres no se dan cuenta del peligro de estas prácticas. De hecho, el patriarcado busca adaptarlas a esta forma de vivir, que se acomoden en su opresión y hasta la vean como "empoderante". Al poder decidir sobre su maquillaje, su vestimenta, su forma de bajar de peso, su dieta, su rutina de ejercicio y sus cirugías estéticas, la mujer suele creer que "se arregla para sí misma", que sus decisiones son genuinas. Como anteriormente dije, somos sujetos sociales pertenecientes a un sistema y, por lo tanto, todos nuestros gustos y acciones están influenciados y hasta coaccionados por las relaciones de poder existentes. Se le hace creer a la mujer que necesita todos esos "arreglos" para afirmarse como sujeto, pero no es más que una relación de dependencia disfrazada de liberación. Preocuparnos excesivamente por nuestra imagen nos mantiene distraídas y ocupadas en temas banales mientras nos siguen oprimiendo, además de financiar a las empresas de belleza y estética que se aprovechan de nuestras inseguridades.
Conclusión
Quizás la información de las secciones te resultó chocante o, por el contrario, nunca la habías pensado. Aún así, las feministas no podemos dejarnos análisis en el tintero y menos cuando se trata de un tema tan importante como nuestras relaciones con los hombres. No podemos dejar de relacionarnos con los varones al 100%, pero lo que sí podemos es transformar nuestros vínculos, repensar nuestras acciones bajo una concientización feminista y cambiar nuestro accionar. Esto no sólo nos ayudará a sentirnos bien con nosotras mismas, sino a mejorar y reforzar nuestras relaciones entre mujeres. Dejemos de compararnos y de odiarnos, eso es justamente lo que el patriarcado busca: nuestro distanciamiento y separación. Porque saben perfectamente lo fuertes y rebeldes que podemos ser juntas. Basta de poner a los hombres en primera fila, prioricémonos a nosotras, prioricemos el amor entre mujeres.
Gracias a todas por leer.
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