Biografía de las autoras
Marianne J. Legato nació en Nueva York, Estados Unidos en 1935 y es una doctora académica, autora y profesora. Fundó la Sociedad para la Medicina Específica de Género y fue nombrada Mujer Sobresaliente en Ciencias del Año 2002.
Por su parte, Laura Tucker es coautora de libros sobre salud, como este.
Disclaimer
Soy consciente de que este libro ha sido lanzado en 2005 y sé perfectamente que la mentalidad de esa época no se parece ni de lejos a la de hoy en día. Pero realizar críticas constructivas argumentadas a esta clase de libros ayuda para, en otras ocasiones, poder analizar las tendencias misóginas de muchos pensamientos posmodernos.
Por otro lado, me gustaría aclarar que, a pesar de mi discrepancia con muchas ideas que expone la autora, estoy orgullosa de su trabajo y su labor en la ciencia. Es admirable que en este sistema patriarcal en donde la mujer es obstaculizada en sus estudios encontremos a una mujer como Marianne que desafió todos esos mitos y se dedicó a lo que más quiso.
Sin más que decir, vamos con la crítica.
Dicotomía sexo-género
El sexo es la categoría biológica de cada individuo, incluyendo los genitales y las características corporales secundarias, mientras que el género son todos los roles, estereotipos y normas que nos imponen en base a nuestro genital que subordina a las mujeres y privilegia a los hombres. Un ejemplo de esto es cuando a las mujeres se las etiqueta como delicadas, sumisas, empáticas y dulces, mientras que a los hombres se los etiqueta como fuertes, dominantes, insensibles y decididos. Sabemos que los hombres pueden no ser fuertes y que las mujeres pueden no ser delicadas, de hecho el feminismo quiere romper con esos roles de género porque son opresivos y en parte también dañan a los varones.
Entendiendo este análisis, el género mantiene la "feminidad" y la "masculinidad" como innatas de cada sexo, jerarquizándolos y creando una desigualdad de oportunidades y derechos entre ambos.
Ahora bien, ¿qué tiene que ver el libro con esta explicación? Que la autora lleva un mal análisis sobre este tema. Todo empieza en la introducción cuando expone la discusión entre Liz y Tim y sus "justificaciones neurológicas". Ojo, no estoy diciendo que las mujeres y los hombres no tengan diferencias en su estructura cerebral y en sus hormonas, de hecho hay muchas que están respaldadas por la ciencia y son ciertas, pero el problema central es que intenta basar las formas de actuar y las percepciones individuales de cada sexo en los roles estereotipados del género.
Un ejemplo de esto es cuando la autora dice que Tim estaba "preocupado" por la salud de su hija, pero a Liz se le notó más su estrés debido a su biología. En primer lugar, se justifica que el padre haya sido un descuidado porque "no tiene conexiones cerebrales tan extensas como la hembra humana" y por lo tanto "se quedó absorto mirando un partido de fútbol". El padre tenía una responsabilidad y era preparar a su hija para la visita, pero lo hizo a medias puesto que a pesar de que la había vestido no se había percatado de sus manos y rostro sucios; no se trata de una cuestión de cerebros, sino de la atención que le tenés a tu hija y en ese momento el padre cometió un error injustificable. En segundo lugar, se entiende que Liz se estresó al ver a su hija sucia porque ella misma es hembra humana, lo cual refuerza el falso mito de la histeria y de que las mujeres somos más emocionales y exageradas que los hombres.
Se habla de que, como es hembra humana, Liz utiliza los dos hemisferios del cerebro para hablar, posibilitando su expresión concisa, mientras que Tim sólo utiliza un hemisferio, explicando el porqué se quedó callado durante la discusión. Científicamente esto es cierto, pero para el día a día no vale mucho. Si Tim se quedó callado es porque no se quiso responsabilizar de lo que hizo o porque no tenía argumentos. Además, ¿qué hacemos con la cantidad de hombres que manipulan psicológicamente a sus esposas para que ellas se callen y ellos manden? ¿Qué hacemos con los hombres que les pegan a sus mujeres para mantenerlas controladas? ¿Acaso la falta de un hemisferio cerebral les impide realizar actos violentos contra nosotras? Claramente no, y esa es una de las fallas más garrafales de este libro: pretender que los actos que realizamos son resultado de nuestra biología.
Una de las citas donde más se puede notar este error conceptual es la siguiente:
"Entre nosotros hay más similitudes que diferencias, y existe la evidencia que nos sugiere que podemos cultivar las aptitudes del sexo opuesto, con gran beneficio para todos".
Los sexos no tienen aptitudes prescritas: tanto hombres como mujeres somos igual de inteligentes y capaces de desarrollar y realizar las actividades que queramos. El problema es que el género no sigue esta línea, sino que impone gustos, tendencias y formas de actuar para cada sexo, como que la mujer debe recluirse en la casa para criar hijos y hacer la labor del hogar mientras que el hombre es el único que debe trabajar para sostener la familia. Decir que existen aptitudes "para hombres" o "para mujeres" es perpetuar estereotipos machistas y como feministas debemos abolirlos.
Un poco más adelante, la autora relata varios mitos y uno de ellos es si el sexo está determinado por nuestra biología. La misma pregunta no tiene sentido puesto que el sexo ya es biológico de por sí (aunque supongo que intentaba referirse al género en un sentido de identidad) pero igualmente Marianne la contesta diciendo que es tanto verdadera como falsa. Dice que nuestros órganos sexuales liberan hormonas que están programadas para hacernos responder de una forma "masculina" o "femenina". Esto es falso, puesto que yo soy hembra humana, no soy "femenina" y no por eso dejo de ser mujer. A pesar de haber dicho eso, luego se contradice porque entiende que la cultura y la sociedad nos imponen desde la primera infancia determinadas formas de actuar y de ser según nuestro sexo que nos afectan notablemente.
La autora también dice que cuando tratás a tu hija con los pronombres de mujer ella está desarrollándose de forma femenina. No entiendo porqué relaciona un pronombre a partir de su sexo con toda una conducta estereotipada. Que las mujeres tengamos claras diferencias neurológicas, anatómicas y físicas con los hombres no significa que naturalmente vayamos a tomar el papel de subordinadas perpetuando la feminidad que tanto nos oprime; ese papel se nos enseña, se nos educa para que nosotras seamos las sumisas y ellos sean los dominantes.
No quiero terminar esta sección con mal sabor de boca, así que dejé para el final la parte que más me gusto de la introducción. Marianne dice que las mujeres podemos leer de forma más detallada el lenguaje corporal de las personas, explicando el porqué la hermana de Tim se dio cuenta del enfado de Liz con facilidad. Este pequeño superpoder se nos concedió para darnos cuenta de las necesidades de nuestros bebés para atenderlos. Aún así, no todas las mujeres lo utilizan porque no todas quieren tener hijos, pero eso es otro tema.
Atracción y sexo
El segundo capítulo de este libro se centra en hablar sobre las cosas que nos atraen del sexo opuesto; sí, invisibiliza a los gays, a las lesbianas y a las personas bisexuales, pero teniendo en cuenta que este libro es sobre las relaciones heterosexuales no se puede esperar mucho.
La autora nos cuenta una frase dicha por un amigo suyo cuando hablaban sobre la importancia del aspecto físico en la búsqueda de relaciones interpersonales. Este chico le dijo que lo primero en lo que se fijan los hombres es en el físico, y si no les gusta no se pararían a conocer el carisma de la chica. No sólo que realiza una generalización en donde deja al hombre como vacío y superficial, sino que da a entender que la mujer debe alcanzar las expectativas y estándares que los mismos hombres le exigen para poder tener pareja.
Un aspecto que me interesa mucho de este capítulo es que la autora entiende y ejemplifica cómo la presión social por cumplir las expectativas relacionales afectan a ambos sexos. También me agradó cómo sobrellevó el tema de las feromonas y las sustancias químicas que se segregan en nuestro cerebro cuando nos enamoramos.
En cuanto al sexo, la autora explica que la excitación de los hombres es más mecánica, fácil y rápida, mientras que la de las mujeres es más progresiva, íntima y lenta. De hecho, el mismo sistema patriarcal ha incentivado a los varones a que se conozcan a ellos mismos y construyan su sexualidad, mientras que a nosotras nos la negaron durante siglos, ocultando la existencia del clítoris y pretendiendo que la penetración por un falo era la única forma de sentir placer. Esto explica por qué en la mayoría de relaciones heterosexuales la mujer no llega al orgasmo mientras que el hombre sí.
Marianne también destaca que la pornografía mueve millones de dólares, siendo una herramienta primordial para el placer masculino. Esto me parece muy problemático teniendo en cuenta que la mayoría de actrices porno son violadas y violentadas durante las grabaciones de esos clips, sin contar la cantidad de menores de edad secuestradas para ser prostituidas y grabadas a la fuerza. Está claro que los hombres deberían empezar a cuestionarse por qué les parece excitante pajearse con violaciones grabadas, pero lamentablemente no todos estarán dispuestos a replantearse sus privilegios.
Matrimonio y poligamia
En el capítulo 5 la autora nos habla de cómo las relaciones cambian a través de los años y estas diferencias se acentúan más en los matrimonios a causa de la desaparición de la chispa del "nuevo enamoramiento".
A pesar de que el matrimonio sea una herramienta patriarcal para mantener subordinadas a las mujeres en tutela de su marido, me agradó que Marianne haya aclarado que las mujeres son capaces de sostener una familia y su propia vida sin la ayuda de un cónyuge.
Lo que me parece más importante es que la autora haya refutado una de las excusas más dadas para justificar las infidelidades: "el reino animal no es monogámico". Intentan excusarse a través de la genética y de la biología cuando ya se comprobó que los animales son fieles. Que hayas sido un animal no te exime de tu responsabilidad afectiva relacional, no se excusen con la biología intentando ocultar su falta de respeto por los demás.
Otra forma de abordar este tema es remontándonos a unos siglos atrás. Anteriormente la mujer era un objeto más de la familia y necesitaba del hombre para subsistir. El padre de la familia tenía la tutela de su hija hasta que la obligaban a casarse y la tutela se la quedaba el marido. Mientras ella estaba casada y debía ser ama de casa, el marido trabajaba y cuando él quería podía irse "de putas" o tener otras novias (poligamia). Es decir, la poligamia siempre ha sido un recurso de los hombres para liberarse del estrés, experimentar y salir de la rutina; básicamente, para ser infieles sin que los juzguen.
Maternidad obligatoria y rol paterno
En una parte del capítulo 6 Marianne cuenta que se topó con dos tipos de madres: unas que se sentían radiantes y en la mejor época de su vida, y otras que les atareaban las tareas de crianza, que extrañaban su anterior vida, etc. Este último tipo de madre equivale a la gran mayoría de mujeres que lo han sido: la maternidad te quita tiempo, dinero y energía. Luego de haber expuesto a los dos tipos de madre, la autora dice:
La maternidad obligatoria es una institución patriarcal que es utilizada para recluir a las mujeres dentro de la esfera doméstica, en este caso de la crianza y tutela de los hijos. Ésta se nos impone desde muy chicas (cuando jugamos a cuidar a muñecas, por ejemplo) para que nos agrade la idea de tener un hijo sin importar lo que ello conlleve, para que sea nuestro único propósito de vida. Lo tenemos tan inculcado que a veces es difícil imaginarnos sin un destino relacionado a la familia (Marianne pecó de eso al dar por hecho que todas las mujeres queremos ser madres). Asimismo, la sociedad patriarcal hizo tanto hincapié en la supuesta relación entre mujer-madre que, si no querés serlo, se te tildará de falsa mujer, solterona y hasta marimacho.
Un aspecto positivo que le vi a este capítulo es que la autora dice que, a pesar de que puedan haber diferencias neurológicas entre ambos sexos en cuanto hormonas, los padres pueden llegar a tener la misma capacidad de atención hacia sus hijos. Es decir, rompe con el estereotipo de que quien debe ocuparse del bebé y de la crianza infantil es la madre.
Hipersexualización femenina
Los últimos capítulos que hablaban sobre la depresión, las adicciones y la vejez los abordó muy bien, pero el problema fue cuando se detuvo a hablar de la actividad sexual en personas mayores. Ella explica que por varios motivos fisiológicos, neurológicos y hormonales las personas mayores solían tener menos ganas de practicar sexo, sobre todo los varones que tenían más probabilidad de desarrollar una disfunción eréctil. Al decir todos esos síntomas, ella también agrega que podríamos dejar de sentirnos sexys, pero lo plantea de una forma bastante misógina:
¿De verdad necesitamos que la sociedad nos presente mujeres mayores sexualizadas para tener más confianza y/o ganas de tener sexo durante la vejez? ¿Necesitamos que nos muestren como seres "deseables" para un otro? Bienvenidos a la cosificación del cuerpo femenino.
La hipersexualización femenina se da cuando se cosifica al cuerpo femenino de forma deliberada y arbitraria con el fin de excitar al hombre. Sexualizar está mal porque transforma a la persona cosificada en un objeto de placer, sin importar si ella lo quiere o no. Sí, tenemos cuerpos sexuados y durante el sexo son muy importantes porque nos permiten sentir, pero esta cuestión no pasa por ahí sino por el hecho de que la mayoría de veces esta sexualización no consentida se da de hombres a mujeres en situaciones de vulnerabilidad. Por ejemplo, en el acoso callejero, en la pornografía, en la prostitución, en los medios de comunicación, etc. No tenemos que aparentar ser "deseables" para cojer, sino que el hombre debería dejar de sexualizar nuestros cuerpos en situaciones que no lo ameritan.
Aún así, lo que entiendo que Marianne intentó decir es que la sociedad nos vende un estereotipo de lo femenínamente sexy: culos y tetas grandes, sin celulitis, estrías o marcas, jóvenes delgadas y con curvas. Tenemos que romper con esos esquemas porque son tan difíciles de conseguir que terminamos sin autoconfianza y autoestima, además de que los hombres, al haberse criado con la pornografía, terminan buscando y aceptando esa belleza como lo único válido para el sexo.
Impresionante critica, realmente has logrado que la lea con mucho entusiasmo y orgullo.
ResponderEliminarTe ❤