¿La cultura de la cancelación es justicia social?

Disclaimer

Originalmente este blog iba a ser más largo, pero decidí dividirlo en dos partes. En esta primer sección discutiremos si las cancelaciones del Internet son válidas y útiles, mientras que en la segunda hablaremos en profundidad sobre el dilema de separar el contenido del creador -o, dicho de otra forma, el arte del artista-. Les dejo el link de la segunda parte acá.


El fenómeno de cancelar

Las redes sociales permiten a los individuos expresar sus opiniones o pensamientos en cualquier foro o perfil público, dándoles la posibilidad de unirse a distintos grupos de personas con sus mismas ideas o causas. De aquí es de donde saldrán las "cancelaciones" a figuras públicas.

En este sentido semántico, cancelar es dejar de apoyar moral, ética, digital, social y económicamente a una persona, ignorando y hasta buscando la censura de la víctima con el fin de restarle poder mediático. Las razones para cancelar a una persona se basan en los comentarios, actos o acciones machistas, racistas, xenófobas, homófobas, transfóbicas o discriminatorias que haya realizado la persona en cuestión. Esto nos demuestra que una persona puede ser cancelada por haber cometido un crimen al mismo tiempo que otra puede ser cancelada por un tweet de humor negro escrito en 2010: la bajada de línea es la misma y, efectivamente, la mayoría de cancelaciones no se basan en el primer caso mencionado.


Impacto de las cancelaciones

Una persona no tiene que ser necesariamente una celebridad para ser acusada, de modo que, cuando corre la voz en Internet, no hay quién te salve: los comentarios de odio no tardarán en llegar. Además de eso, si sos un artista, tus ventas bajarán, tu fandom se reducirá y hasta las búsquedas de tu nombre en las redes sociales quedarán manchadas. ¿Toda persona "cancelada" merece este escarmiento público? En mi opinión no y a continuación les explico por qué.

Analicemos los dos distintos casos de cancelación que anteriormente nombré. En el primero, la persona realizó un crimen, por lo cual el público está en su derecho de opinar de lo sucedido y hasta demostrar su decepción. Lo que pasa es que un crimen puede ser desde un asesinato hasta un consumo de marihuana, así que no se puede juzgar a los dos con la misma vara. Mientras tanto, en el segundo caso, el individuo dijo hace muchos años (probablemente cuando éste era más joven) un chiste negro que, si leyeron mi anterior blog, sabrán por qué creo que no debería ser problemático, más aún si lo realiza en su perfil y no vincula a terceros. Independientemente del humor que él haga, ese tweet ya lleva tiempo y hasta el emisor pudo haberse arrepentido del mismo: el problema es que Internet no perdona.


Perfeccionismo y doble moral

Si nos centramos en el segundo caso, podemos comprobar que al Internet no le interesa si ya te arrepentiste de lo dicho o hecho, si antes no estabas informado o si lo que dijiste o hiciste fue en chiste; les importa demonizar al que se equivoca, cuando probablemente ellos mismos también dijeron estupideces por desinformación. Así es como muchos colectivos o movimientos sociales utilizan las cancelaciones a modo de censura mediática, casi como una cacería de brujas.

Ahora, si nos fijamos en el primer caso, las personas parecen tener razón en cancelarlo, pero aun así entro en desacuerdo: el castigo público no soluciona lo ya ocurrido. Podés dejar de apoyarlo y hasta señalar lo que hizo porque eso es algo aceptable, pero el hate no aporta en nada. Me atrevo a llevar el debate más allá: ¿Cancelarías a un familiar de otra generación por tirar comentarios discriminatorios? ¿Cancelarías a todos los hombres y te volverías lesbiana porque todos ellos fueron y son machistas? Es difícil mantener una postura firme y no contradecirse en esos casos, demostrando la hipocresía de esta gente.

La cultura de la cancelación busca corregir individuos para adecuarse a la corrección política y al perfeccionismo colectivo, pero no demuestra empatía por las víctimas. En vez de ayudarlos y hacerles ver su error los tachan para siempre, reducen su vida y su persona a ese supuesto acto imperdonable que cometieron. De esta forma, las cancelaciones -de la mano a las últimas generaciones-  impiden el debate, la crítica deja de existir para pasar a ser un "yo te acuso y tengo la razón" y se niegan las segundas oportunidades.


Conclusión

La justicia social no es equivalente a silenciar y castigar a personas por sus errores. Si una celebridad te decepcionó de alguna forma tenés todo el derecho a expresarlo, pero no es correcto ir directamente a insultarle: son personas que se equivocan al igual que todos nosotros. Tampoco estoy diciendo que las figuras públicas están exentas de cuestionamientos o responsabilidades; las celebridades deberían poder ser criticadas constructivamente sin ser cancelados. Por el momento, habría que ponerse en los zapatos del otro y ver si realmente nos gustaría que anónimos nos insulten y demonicen por redes sociales.

El debate se torna polémico cuando hablamos de la gente que reconoce el error de aquellas celebridades pero deciden seguir consumiendo su contenido: este es el famoso dilema del artista y su arte y si es correcto separar ambas facetas, disfrutando su arte sin legitimar su persona. ¿Es esto posible? Lo averiguaremos en la segunda parte de este blog.

Espero que les haya gustado y gracias por leer.

Comentarios